Un hito diplomático contemporáneo que se caracteriza por su inteligencia urbana, la claridad de su programa y una fachada arquitectónica unificadora.
Valor aportado
Descripción general del proyecto
En 2012, ADPI obtuvo el primer premio en el concurso para el nuevo edificio de la Delegación de la Comisión Europea en Tokio. Desarrollado para la Comisión Europea, el proyecto abarcó los estudios, el desarrollo del diseño y la supervisión de un importante complejo diplomático que reunía oficinas centrales, viviendas para representantes europeos, espacios de representación diplomática, aparcamientos y jardines paisajísticos. Mabel Miranda actuó como arquitecta principal, con la autorización de ADPI, en un proyecto de gran importancia institucional, urbana y simbólica.
Reto clave
El proyecto abordó un encargo de gran complejidad que combinaba múltiples funciones con requisitos específicos en materia de seguridad, privacidad y representación, todo ello en un contexto urbano densamente urbanizado. El reto consistía en lograr una identidad arquitectónica coherente capaz de unificar estos programas tan diversos, garantizando al mismo tiempo una circulación eficiente, una sólida integración urbana y una imagen digna y a la vez contemporánea para la presencia de la Unión Europea en Japón.
Nuestro enfoque
La propuesta ganadora se basó en una clara estrategia de integración urbana, que abordaba con cuidado la escala, la alineación y la presencia dentro del tejido urbano circundante. La complejidad programática se resolvió mediante una organización espacial racional que separaba claramente las zonas públicas, diplomáticas, residenciales y de servicios, al tiempo que mantenía la coherencia interna. Una piel continua de cobre envolvía el edificio, actuando tanto como elemento unificador arquitectónico como simbólico; su materialidad aportaba durabilidad, elegancia y una identidad distintiva que evoluciona con el tiempo a través de la pátina.








